Reposo en el pasto y la mirada se pierde en la nube más grande y espesa que jamás vi.
No me es natural la ligereza y por eso a veces siento que actúo. Tal vez para alcanzar alguna verdad, tal vez para no desapegarme.
Hay una calma que solo la autenticidad y lo real regalan por eso hay placer al dejar caer las máscaras.
El caos ya no alcanza para construir y aunque el amor pueda entrar ahí a expandir, quitar, dar, enternecer, y devolver ilusiones, prefiero la suavidad de la mañana.
Me sostienen las nubes y me toma por sorpresa que no caigo.
