El sol cayó sobre el mar. El aire huele a sal, tabaco y agua de coco. Tierra espera. Kai juega con un caricaco. A lo lejos el murmullo de otra gente que, como un ritual, también se reúne para despedir al sol. Pieles saladas, pies color champagne, cabellos recogidos en moño y corazones desahogados.
—Andiamo. —Andiamo. —Aspetta! —¡Hombre, que tengo que llevar a los perros! —Vale, dame una correa.
Kai, como un rayo, corre encima del pareo y lo deja empapado de agua y arena. —¡Kai no! —Eres pesado, de verdad. —Seat down now!
Finalmente, Kai se rinde. Pies descalzos baten la arena cerca de Itaúna y hacen camino hacia Chicago's.
—El cielo está precioso. —¡Es muy lindo!
Nos hicimos amigas cerca del mar. Nosotras somos el mar.