LetrasDeMarea

Sentencia

Cuando nos prometimos estar ahí siempre, firmamos juntos frente a otros un Febrero que olía a pino.

Caminamos juntos, como dos que querían moldear el universo con sus propias manos. Lloramos, reímos y nos juramos no soltarnos, como dos que creen poder construir un puente entre la realidad y la fantasía.

En este otro Febrero no hubo vestido de encaje ni flores. Mi cabello bailaba con la brisa calurosa y el sudor bajaba por mi cuello como un recordatorio de otro tiempo: el presente.

A eso de las cuatro, caminé sola hacia una mesa redonda en el patio de una casa. No había nadie más que mi amiga vestida de Santa Lucía y un fantoche.

Me senté y con mi mano de lavanda, firmé serena la sentencia de muerte para el verdugo. Y allí, cubierta con la gracia dorada, te juré muerte eterna.

Mi nombre escrito en azul marino es la promesa solemne: Me juro mía.

De aquel Febrero de pino y de aquella coronada de eucalipto, ya no queda nada.