Estoy afuera en uno de mis lugares favoritos de la casa. Un árbol hermoso me hace sombra mientras el sonido del mar hace eco en los caminos cercanos.
Las mariposas se acercan como bailarinas y se posan suavemente en las florecitas anaranjadas que nacieron alrededor de los arbustos.
En el cielo hay pequeñas lagunas azules y celestes, que se esconden en la densidad blanca de las nubes que cubren casi todo.
Las chicharras cantan, dos lapas rojas gritan en la distancia y de pronto, el ladrido feroz de Nami que corre detrás de una ardilla apaga todo y solo hay silencio.
Un silencio que parece abrir más el cielo.
Un silencio de vida.
Un silencio que acurruca los pensamientos.
Los rayos del sol se mezclan con los azules, verdes, marrones y rojos de La Abuela en silencio.
Estoy en casa.
